LA MADRASTRA ABANDONÓ A TRILLIZOS DE 2 AÑOS EN EL MONTE… Y EL PAPÁ ENCONTRÓ ALGO PEOR..

LA MADRASTRA ABANDONÓ A TRILLIZOS DE 2 AÑOS EN EL MONTE… Y EL PAPÁ ENCONTRÓ ALGO PEOR..

—No sé de qué hablas —dijo Brenda, pero su voz temblaba.

Julián caminó hacia la sala, miró alrededor como si viera la casa por primera vez y entonces comenzó a notar cosas. Cosas que no había visto cuando entró porque estaba cansado, porque su mente estaba en otro lugar. Primero, vio el muñeco de Emilio, el pequeño oso de peluche que Emilio no soltaba nunca, que llevaba a todas partes, que dormía con él. Estaba tirado en el piso, cerca del sofá, como si hubiera sido dejado caer con prisa. Segundo, vio una mantita, la mantita rosa de Camila, la que tenía una esquina mordida porque Camila se la metía en la boca cuando estaba asustada. La mantita estaba húmeda, mojada, como si hubiera estado expuesta a agua, a lluvia, a algo mojado durante horas. Tercero, vio un vaso de plástico en la mesa de la sala, un vaso con leche. La leche estaba a medio tomar. Había una línea de suciedad en el borde, como si un niño pequeño lo hubiera estado sosteniendo. Julián recogió el vaso, olió la leche; estaba agria, llevaba horas allí.

—¿Cuándo fue la última vez que los viste? —preguntó Julián sin mirar a Brenda.

—Hace poco —respondió Brenda—. Hace una hora.

—Mientes —dijo Julián con una calma que asustó más que un grito—. Este vaso lleva aquí al menos 4 horas. La mantita está mojada. El muñeco de Emilio está tirado. Eso no sucede si estuvieran con tu mamá.

Brenda intentó aproximarse.

—Julián, escúchame. ¿Por qué no me contestaste cuando llamé hace 2 horas? —preguntó Brenda.

Abrió la boca, cerró la boca, abrió la boca de nuevo, pero no salieron palabras. Julián caminó hacia el pasillo, entró al baño, miró el piso. Vio tierra, hojas secas, las mismas hojas que había visto en el monte, en las brechas, en los caminos sin asfaltar. Salió del baño, miró los pies de Brenda. Llevaba tenis blancos, tenis nuevos, pero en la suela, en el borde, había tierra. Tierra roja, tierra de monte.

—¿Fuiste al monte? —preguntó.

Brenda no respondió. Julián entró a la habitación, abrió el clóset, buscó su mochila de emergencia, la que siempre tenía lista, la que contenía cobijas, agua, linterna, pañales, suero. La sacó, la puso en el piso, comenzó a revisar su contenido mentalmente, verificando que estuviera todo.

—¿A dónde vas? —preguntó Brenda desde la puerta.

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